Mi postura sobre la Cultura parte del convencimiento de que ella constituye el alma viva de una nación; es la manifestación concreta del espíritu humano que se expresa en sus costumbres, valores, símbolos, creencias y obras. Entiendo la cultura no como un adorno de la vida social, sino como su fundamento invisible: aquello que da sentido, coherencia y continuidad histórica a un pueblo. Desde una visión de centro derecha humanista, la cultura es el terreno donde la libertad individual y la responsabilidad colectiva se encuentran, donde la identidad se afirma y donde la sociedad reconoce sus raíces para proyectarse hacia el futuro.
Rechazo tanto la instrumentalización ideológica de la cultura como su relativización extrema. La cultura no puede ser reducida a propaganda política ni tampoco disuelta en un vacío de sentido donde todo vale lo mismo. Creo en una cultura con jerarquías de valor, donde se promuevan aquellas expresiones que eleven al ser humano, fortalezcan su espíritu y estimulen la búsqueda de la verdad, la belleza y el bien. La libertad cultural debe ser protegida, pero también guiada por principios éticos y por un compromiso con la dignidad humana.
Desde una perspectiva antropológica, concibo la cultura como la respuesta creativa del hombre frente al mundo: un proceso permanente de simbolización mediante el cual el individuo interpreta su existencia, su comunidad y su destino. En ella confluyen la tradición y la innovación, la memoria y la creación. La defensa de las tradiciones no implica inmovilidad, sino reconocimiento del valor formativo que poseen los legados históricos en la construcción de la identidad.
En el plano social y político, sostengo que el Estado debe ser garante y no productor de cultura. Su papel es promover las condiciones para que florezcan múltiples expresiones culturales, sin imponer una visión única ni marginar las manifestaciones que surgen desde la ciudadanía. La cultura se desarrolla mejor en un ecosistema de libertad, donde artistas, educadores, comunidades y creadores puedan expresarse y dialogar sin coacción.
Filosóficamente, defiendo la idea de la cultura como camino hacia la trascendencia humana. Es en ella donde el hombre se eleva sobre la mera supervivencia y se convierte en sujeto creador, moral y espiritual. Por eso, la cultura debe ser entendida como una dimensión de la libertad interior, inseparable del desarrollo integral de la persona. Promover una cultura viva, crítica y humanista es, en consecuencia, preservar la civilización y la continuidad moral de la sociedad.

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