Mi nombre es Boris Albert Palma Díaz, nací en Santiago de Chile un día martes 28 de octubre de 1986. Soy hijo de Boris Palma Beltrán (nacido en 1947, en Labranza, Región de la Araucanía) y de Elsa de las Mercedes Díaz Durán (nacida en 1946, en Marchigüez, Región de O’Higgins).
Los primeros diez años de mi vida transcurrieron en la comuna de Quilicura, en la Región Metropolitana, donde crecí en un entorno familiar sencillo, marcado por el esfuerzo, la espiritualidad y el valor del estudio. En el año 1997, mi familia y yo nos trasladamos a la que hasta hoy considero mi residencia definitiva: la hermosa comuna de Longaví, en la Séptima Región del Maule, tierra de tradiciones, trabajo y memoria.
Cursé mi enseñanza básica en la Escuela Gabriela Mistral de Longaví, y mis estudios medios en el Liceo Politécnico de Linares, institución donde se consolidó mi interés por la educación y la reflexión humanista. Posteriormente, inicié mi formación superior en el Instituto Profesional Los Lagos (sede Talca), donde obtuve el título de Psicopedagogo.
Motivado por el deseo de profundizar en los procesos de inclusión educativa y el desarrollo del potencial humano, continué mis estudios en la Universidad San Sebastián (sede Concepción), titulándome como Profesor de Educación Diferencial con mención en Accesibilidad de los Aprendizajes.
Mi búsqueda intelectual y profesional me condujo a especializarme en las ciencias del cerebro y su relación con el aprendizaje, culminando el Magíster en Educación con Mención en Neurociencias Aplicadas a la Educación en la Universidad Finis Terrae (año 2025).
Paralelamente a mi labor docente, desde los 14 años cultivo una profunda pasión por la literatura y la poesía, ámbitos que han acompañado mi desarrollo vital como medios de exploración interior y expresión filosófica. He participado en diversos colectivos culturales y literarios, donde he compartido mis escritos y reflexiones con otros creadores. En el año 2021 publiqué mi primer libro, “Homo Creative: Breve interpretación filosófica del Hombre e introducción al Método Psicopedagógico Afectivo-Creativo”, obra en la que fusiono la filosofía, la pedagogía y la psicología en torno a la creatividad como principio formativo y transformador del ser humano.
Actualmente, además de mi trabajo como educador y psicopedagogo, colaboro de forma permanente con el periódico El Heraldo de Linares, donde publico columnas de opinión semanales dedicadas a la educación, la cultura y la política contemporánea.
Soy un hombre de centro derecha convencido de que el progreso de una sociedad no se alcanza destruyendo lo que existe, sino perfeccionando lo que ya se ha construido con el esfuerzo de generaciones. Creo en la libertad individual como el principio rector de la vida social, pero también en la responsabilidad personal que le da sentido. No concibo la libertad sin deberes, ni el derecho sin el compromiso de contribuir al bien común. Mi mirada política nace de la certeza de que el orden y la justicia son condiciones necesarias para que florezcan la creatividad, el mérito y la dignidad del trabajo humano.
Me reconozco heredero del liberalismo clásico y del humanismo cristiano, dos corrientes que, lejos de oponerse, se entrelazan en la convicción de que el ser humano tiene valor por sí mismo, que su destino no está en manos del Estado ni del mercado, sino en su propia conciencia y en la comunidad que libremente elige construir. Creo en un Estado austero, eficiente y garante, que asegure la igualdad de oportunidades, pero que no ahogue la iniciativa privada ni sustituya la responsabilidad individual.
Defiendo una economía social de mercado, donde la competencia y la libertad empresarial vayan acompañadas de una profunda preocupación por los más vulnerables. Entiendo la política como un servicio y no como un instrumento de poder; un espacio donde las ideas deben prevalecer por su capacidad de transformar vidas, no por su capacidad de dividir.
Rechazo los extremos ideológicos, porque ambos niegan la complejidad del ser humano. No me identifico con el populismo, ni con las visiones nihilistas que desprecian la tradición. Creo que el verdadero cambio surge desde la moderación inteligente, desde la capacidad de unir en lugar de fracturar.
Mi compromiso está con la educación, la familia, el trabajo digno y la cultura del mérito, pilares sobre los cuales una nación puede elevarse moral y espiritualmente. Veo en la institucionalidad republicana un valor que debe resguardarse, pues sin respeto a las reglas, la libertad se vuelve caos y la justicia, venganza.
Aspiro a contribuir a una política más humana, reflexiva y pedagógica, donde el diálogo sustituya la descalificación, y donde la racionalidad y la sensibilidad convivan como fuerzas complementarias.
Soy de centro derecha porque creo en el progreso con raíces, en la innovación con prudencia, en la libertad con conciencia, y en el desarrollo con equidad. Y porque sigo creyendo, contra toda desesperanza, que Chile puede volver a mirarse a sí mismo con orgullo si cada uno de nosotros asume el deber de reconstruir la confianza, el respeto y la esperanza que nos unieron como nación.
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